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1. Dejar que los niños se acerquen a Dios ¿Somos puentes o muros?
1. Dejar que los niños se acerquen a Dios ¿Somos puentes o muros?

¡Bienvenidos a una nueva reflexión en Agua Viva en el Desierto!
Hoy quiero compartir con ustedes una enseñanza que nos toca de cerca a todos los que acompañamos el crecimiento de nuestros niños, basada en la homilía del Padre Gabriel Coronel durante la Liturgia de la Comunión en nuestra parroquia.
El abrazo que nos enseña
El Evangelio cuenta que mientras Jesús abrazaba y bendecía a los niños, viéndolos con amor de Padre, los apóstoles intentaban alejarlos (quizás pensando que molestaban al Señor). En aquella época se creía que los niños no tenían nada que aprender, pero Jesús frenó a todos con una frase que hoy sigue resonando:
"Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos" (San Marcos 10:13-16).
Los niños habitan el Reino de Dios porque aún no tienen el corazón cargado de los problemas, dolores, decepciones y angustias que solemos tener "los grandes". Ellos conservan la capacidad de asombro, el deseo de imitar a sus padres y una sed inagotable de aprender.
Tres formas en las que alejamos a los niños de Dios
A veces pensamos que impedirles el acceso a Dios, es cuando les decimos "no" cuando el niño quiere ir a la iglesia; pero existen formas indirectas y silenciosas de hacerlo:
La falta de ejemplo en la oración: Les cerramos el camino cuando no les mostramos que, además de la escuela, los juegos y las pantallas, existe un momento vital en el día para estar a solas con Dios. El niño aprende a rezar viendo a sus padres hacerlo en la intimidad, y podrá sentir que la relación con Dios es real, no es solo un acto social, sino una necesidad íntima de conectarse con el Señor.
La pérdida del sentido del domingo: Cuando convertimos el domingo solo en un día para dormir hasta tarde, les quitamos la oportunidad de empezar la semana con la bendición del Señor. Si no vamos juntos a la Divina Liturgia (Misa), el niño entiende que Dios no es una prioridad. Es importante convertir el ir a la iglesia, en una experiencia familiar compartida.
La banalización de las cosas de Dios: Hacer chistes o comentarios que quiten importancia a Dios, a la fe o a la iglesia, dentro del hogar confunde al niño y lo aleja de un encuentro verdadero con el Señor. Si lo mundano o la tecnología es lo único "serio" o divertido, verán las cosas de Dios como algo ajeno o aburrido, sin importancia real para su vida diaria.
El rol de la familia y los padrinos:
Nuestra responsabilidad es ser guías constantes, no solo figuras de eventos sociales:
Padrinos presentes: No se trata de cumplir una formalidad, sino un compromiso ante Dios. El padrino debe ser el primero en proponer ir a la iglesia (en lugar de esperar a que el niño lo pida), hablar de Dios en el camino y compartir -al menos una vez al año- la Divina Liturgia con su ahijado.
Ganarle al ruido digital: El uso excesivo del celular puede ser un obstáculo que consume el tiempo y la atención que el niño necesita para su vida espiritual. Ayudémoslos a descubrir que el encuentro con el Señor es más real y valioso que cualquier dispositivo.
Modelar el respeto: Al mostrar reverencia ante lo sagrado, ayudamos a que el niño mantenga esa pureza que le permite ver el camino hacia el Reino de los Cielos.
El objetivo es simple: Que nuestros hijos y ahijados tengan un encuentro verdadero con Dios a través de nuestro testimonio.
Podés ver la reflexión completa del Padre Gabriel en este video: Clic aquí para ver la homilía en YouTube
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